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sábado, 8 de enero de 2011

Nixonland


Nixonland en una versión enriquecida (Enhanced Book) del libro del mismo título publicado en el año 2008 y cuyo autor es Rick Perlstein. Esta versión incluye 27 fragmentos de video provenientes de la CBS que completan el texto. Asimismo, incluye una entrevista televisiva con el autor. En este interview, Perlstein analiza no sólo los eventos que llevaron a la dimisión del presidente Nixon sino muchos otros hechos de los años sesenta. El libro puede ser leido y visualizado en el Ipad, Iphone e IPod Touch pero no el Kindle directamente.

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viernes, 19 de febrero de 2010

El Ying y el Yang


     A lo blanco se contrapone el negro, al bien se opone el mal, a la noche le combate el día, todo en eterna simetría. Y nunca parece estar claro qué lado ganará, incluso qué es lo bueno y lo malo. Esta dualidad está, asimismo, muy presente en el debate sobre cuál es el futuro del libro digitalizado y/o la literatura digital.

Una gran masa de escribientes en la Red abogan por la gratuidad o por un precio muy reducido con una libre circulación de contenidos mientras que la mayoría de editoriales y escritores piden justo lo contrario. Las noticias sobre las pugnas entre editoriales y portales de distribución (como la reciente entre Amazon y Macmillan), entre agregadores y productores de información (como la que enfrente a Murdoch y a Google) o incluso entre utilizadores de hardware e instaladores de hardware (como la que llevan a cabo Telefónica y Google) están a la orden del día.

Parece que existe una brecha (que no tiene nada que ver con lo digital, sino evidentemente con lo económico) entre los productores de contenidos y los usuarios de los mismos. Brecha que, en muchos casos, se convierte en animadversión como se puede apreciar en los foros de Internet en los que aparecen noticias sobre este debate. Los comentarios de los lectores son muchas veces radicales cuando no directamente insultantes. Los usuarios se empeñan en dar consejos a los editores y autores sobre cómo deben cuidar sus negocios aventurándoles toda clase de calamidades si no siguen sus indicaciones. Los editores y los escritores hacen oídos sordos y se empeñan en seguir sus propias estrategias, apretando incluso las clavijas en todo lo que pueden y abriendo aún más la brecha entre ambas posiciones. Un auténtico diálogo de sordos que suele acabar en un “ya lo pagarán” o en “pronto no habrá autores” o “las editoras están cavando su propia tumba”. Evidentemente, cada parte no escucha a la otra. No se intenta entender los argumentos contrarios sino que se persevera en los propios, normalmente obviando todo lo que no encaja con la propia posición.

Pero, ¿es posible que todos tengan razón? Al menos, lo que sí está claro es que todos tienen razones. Analicémoslas.

Razones pro-gratuidad

- La Red es “libre” y no pueden ponerse puertas al campo. Los contenidos pueden encontrarse en la Red gratis en alguna parte y querer cobrar por lo que finalmente puede hallarse gratis no es correcto.
- La Red es descentralizadora.
- Los libros digitalizados permiten un acceso más libre a la cultura.
- Los gastos de creación y distribución de un contenido digital son infinitamente menores que los de un contenido en papel. Para empezar, no existe el coste del papel, ni de la cubierta, ni un transporte debe llevar los libros a las librerías, no tiene por qué haber libreros ya que el usuario puede comprar directamente de un portal intangible alojado en un servidor.
- El fomentar el contenido digital es ecológico porque no se talan árboles para fabricar papel.
- Los contenidos digitales tienen más calidad que los convencionales y permiten usos que estos no tienen.
- El lector digital (e-reader) tiene muchas ventajas: permite almacenar en poco espacio muchos libros, consume poquísimo, permite el escalado del texto, es cómodo, se lee bien, es el futuro.
- Los editores están desaprovechando continuamente las oportunidades para subirse al tren del futuro.
- La función del editor está caduca ya que el propio autor puede publicar su obra sin intermediarios en la Red.
- Un libro digitalizado es fácilmente transferible en segundos.
- El libro digitalizado es el negocio del futuro.
- El medio digital permitirá que emerja la literatura digital (que no digitalizada) con potencialidades muy avanzadas.
- Las Bibliotecas podrán ser más públicas y más rentables.
- Los autores ya cobran por la obra la primera vez que la venden. No tienen que seguir cobrando cada vez que alguien la usa. Sería como si un sastre cobrara el traje cada vez que se usara y no sólo cuando lo zurce.

Razones contra la gratuidad

- La red no es libre. Esa idea es una infundada quimera. La red está dominada y controlada por unas pocas empresas que forman un oligopolio poderoso (unos pocos proveedores de hardware y redes telefónicas, unos pocos grandes buscadores, unos pocos grandes portales de distribución, unos pocos fabricantes de lectores electrónicos). Precisamente, el mantener la red inmensa de pequeñas editoriales y pequeñas librerías rompe el monopolio al que tiende la red.
- La Red es
centralizadora. Para controlar el libro convencional haría falta buscar todas y cada una de las copias, todas las imprentas incluyendo las clandestinas. Para controlar el libro digital basta pulsar un botón en cierto lugar y remotamente se borrarán los contenidos que alguien no desee que se lean (como ya ha ocurrido recientemente). El sistema tradicional es, por tanto, el descentralizador.
- Los libros digitalizados son de difícil acceso entre que están protegidos por un código DRM, que hace falta un ordenador que pocos humanos (en términos planetarios) tienen; acceso a la Red, líneas telefónicas, energía, etc.
- No es cierto que los gastos de publicación sean los que determinan el precio. De hecho- y esto no es muy conocido- editar un libro en cubierta rígida o en formato de bolsillo no tiene gran diferencia en coste dadas las tiradas. El precio lo determina lo exclusivo y lo novedoso del producto. Las personas pagan, sobre todo, por ser los primeros, por tener algo distinto (así se explica que se compren libros en tapa dura cuando la decisión racional económica sería esperar a que salieran en paperback a menor precio. ¿Por qué, sin embargo, la gente hace cola para comprar un best seller recién salido del horno? ¿Por qué se compran ediciones de lujo, de coleccionista? No, ciertamente, por el precio. En este contexto, por tanto, si el contenido digital ofrece, precisamente, esa inmediatez, ese ser el primero, es lógico que se pague más, no menos.
- El libro digital no es ecológico ya que no se talarán árboles pero el consumo energético de la Red y la contaminación que genera es mucho mayor que el daño producido por las talas.
- Las ediciones digitales son, en el 99% de los casos, mucho peores que las convencionales. Tipografías poco cuidadas, portadas infames, composiciones burdas.
- El lector digital actual consume energía, se agota a las dos semanas en el mejor de los casos, no tiene color (y si lo tiene, su batería se agota en horas), el escalado es lamentable, la composición es mala y la digitalización es incluso en muchos casos ilegible.
- Los editores se obcecan en desaprovechar las oportunidades de subirse al tren del futuro, es más le ponen obstáculos.
- La función del editor es más necesaria que nunca. Para corregir errores, para filtrar los contenidos que se publican y para estimular la buena literatura. Pueden verse comentarios al respecto
aquí o aquí o como cuando Robert Young, director de Lulu, empresa ligada a Amazon, y una de las compañías líderes en autoedición reconoce en el New York Times que We have easily published the largest collection of bad poetry in the history of mankind. (Hemos publicado la mayor colección de mala poesía en la historia de la humanidad)
- Un libro digital no es prestable en muchos casos, hay restricciones geográficas mediante control de la IP, de préstamo mediante control del número de serie del microprocesador, etc. O, simplemente, por incompatibilidad de formatos.
- Las cadenas que venden libros digitalizados
pierden dinero a espuertas.
- La literatura digital (que no la digitalizada) no despega ni se la espera ante el gran público.
- Las Bibliotecas deben empezar a pagar por contenidos e incluso pueden llegar a no poder prestar los libros debido a los controles de hardware.
- Si los autores no cobran regularmente por el uso de las obras que crearon, se morirían de hambre (o al menos no tendrían interés en crear frente a oficios mucho mejor remunerados) , bajaría la calidad y cantidad artística y el mundo se haría más pobre culturalmente hablando.
 

Para cada tesis hay una antítesis simétrica y casi igual de convincente si se la escucha con imparcialidad (por supuesto, si uno ya está convencido de una cosa, es casi imposible que la opinión contraria le conmueva).
 

Ahora, si fuésemos el juez ¿qué sentencia emitiríamos?

Entrada publicada por Félix Remírez 

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viernes, 6 de noviembre de 2009

El precio justo


     Hace unos años existía en televisión un programa concurso que se basaba en acertar el precio de un articulo determinado y cuyo título era “El Precio Justo”. Ante la aparición de diversos dispositivos lectores de texto digitalizado (y, a efectos de esta reflexión, no importa cómo los denominemos finalmente. Me temo que el nombre definitivo dependerá de las campañas de marketing y no de ningún criterio lingüístico) cabe preguntarse cuál sería el precio razonable y justo en términos de mercado de estos artefactos. La misma reflexión podría hacerse del coste de los propios ficheros que contienen los libros digitalizados.

    Parece que estamos lejos de la situación de equilibrio entre oferta y demanda.

   Por ejemplo, hoy en día, la mayoría de los lectores digitales de ciertas prestaciones no puede encontrarse por menos de 200€, al menos si son originales (copias piratas de estos pueden obtenerse significativamente más baratas en algunos países). Existen unos pocos lectores más sencillos del orden de los 120 euros y prestaciones
menores.

   Pues bien, un estudio que elaboró no hace mucho The Cocktail Analysis entre internautas españoles de 18 a 45 años concluye que, como media, las personas encuestadas creen que el precio justo de un lector digital con prestaciones debe rondar los 71€, lejísimos de los precios actuales. Los potenciales usuarios los comprarían sobre todo para leer novela, quedando otro tipo de literatura o la lectura de periódicos significativamente por detrás en las preferencias.

   Por otro lado, también el coste de las descargas de los libros digitalizados está lejos de los precios a los que el consumidor aspira. De acuerdo a la segunda edición del estudio “
Digitalización del libro en España", realizado por Dosdoce.com y Ediciona, el 40% de las 277 editoriales encuestadas durante la Feria del Libro LIBER considera que el precio de los libros digitales que se descargan debería ser un 50% más barato que su versión en papel (aunque no se indica respecto a qué tipo de edición en papel. Se supone que a la más sencilla, no a las ediciones de lujo). En cualquier caso, los 9.99 USD a los que Amazon vende los best sellers parecen muy excesivos para los consumidores españoles. Y probablemente el dólar al que vende las ediciones de clásicos también, porque estos libros mayoritariamente pueden encontrarse de manera gratuita en la red. A este coste habría que sumar el de la conexión telefónica (está por ver la reacción de las compañías de telefonía ante el roaming gratuito que propone Amazon).

    Este estudio indica también que una mayoría de lectores aceptaría que los ficheros digitalizados incluyeran publicidad si los libros digitales pudieran descargarse gratuitamente. Como dato interesante, señalar que los usuarios parecen aceptar el nuevo soporte pero no tanto los nuevos contenidos ya que los e-books preferidos serían los best-sellers en papel, sólo que digitalizados. Cabe mencionar otro hecho interesante. En Estados Unidos, unos millares de bibliotecas ofrecen ya el servicio de
descarga sin coste. Así, fidelizan a sus socios y ofrecen un servicio doble: en papel o en soporte electrónico. Esta tendencia puede generalizarse y entonces nos encontraríamos con un escenario en el que el lector podría descargarse gratis un libro digitalizado, sin necesidad de pagar por él descargándolo de una editorial o de un proveedor de tal servicio. Esto supondría un obstáculo notable para que se desarrollara una industria rentable en torno al libro digital.

    Los consumidores se decantan, asimismo, por lectores capaces de visualizar formatos abiertos no propietarios a fin de no quedar esclavos de una compañía o un lector determinado.

    Asimismo, en el estudio de Ediciona del 2008, el 57% de los encuestados consideraba que las dos “tecnologías” (papel y electrónica) convivirán; tan sólo un 15% de los profesionales del sector opinaba que los libros electrónicos llegarían a imponerse sobre los libros en papel.

    Ningún estudio, sin embargo, habla de literatura digital. Todos los debates se centran casi exclusivamente en la digitalizada. Muy poca gente, hoy por hoy, está dispuesta a pagar por la literatura digital existente (entre otros motivos, porque se asimila a los blogs y estos son gratis. Al menos hasta que Blogger, Wordpress, Obolog, etc lo permitan).

   Da la impresión que falta aún para que la demanda y la oferta – al parecer más mediática que real- se crucen en el precio justo y en el interés común.


Entrada publicada por Félix Remírez




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viernes, 2 de octubre de 2009

Palabras


Me interesa el tema semántico, que Juan José ha iniciado en este blog. Sobre todo cuando necesitamos configurar nuevos lenguajes para denominar invenciones. Moldear y fabricar vocablos.

Como, por ejemplo, el uso del término "ergódico" para este tipo de literatura, que acuñó Espen Aarseth (o como "polifonía", que acuñó Bajtlin). La literatura ergódica "exige un esfuerzo nada trivial para que el lector atraviese el texto y penetre en su sentido". La cita la extraigo de una intervención de Laura Borràs, investigadora de este tipo de literatura y que habla, por ejemplo, de "inmersión narrativa" y de "límites líquidos".

En la revista Quimera de septiembre publiqué un "Glosario para no iniciados", donde recolecto -con su respectiva cita-, y en ocasiones labro -aparecen sin referencia bibliográfica-, términos que ayuden a un acercamiento. Aquí 5/45:

Hiperfonía: Cuando en el proceso de creación de una obra polifónica intervienen varias conciencias, que coinciden en una misma intención para la obra final. Polifonía + polifonía = hiperfonía.

Hipermedismo: Género artístico y literario que explora las posibilidades de las plataformas tecnológicas para la combinación de la cualidad multimedia con la interacción del público.

Hipertexto: “Conjunto de documentos de cualquier clase (imágenes, texto, tablas, vídeos) conectados entre sí por medio de enlaces (...), fragmentos de información que podemos llamar lexias” (Janet H. Murray, 1999). Se puede “conectar un pasaje de discurso verbal a imágenes, mapas, diagramas y sonido tan fácilmente como a otro fragmento verbal” (George Landow, 1992) / La Biblia es el primer libro hipertextual de coautoría múltiple (aunque se atribuye a Dios): fragmenta su contenido en pequeños versos, de fácil ubicación gracias a la nomenclatura de “libros”, “capítulos” y “versículos”. Esta fragmentación y ordenamiento de la obra permite que se realicen lecturas colectivas sin necesidad de que cada lector posea la misma copia ni edición; es decir, escapa al número de página, que suele ser el indicador tradicional.

Literatura multimedia: Utiliza distintas artes para crear planos narrativos y poéticos, con los que transmitir su contenido. Rompe las fronteras entre las artes para combinarlas y presentarlas en una única plataforma. Los caligramas griegos, Technopaegnia, y los caligramas latinos, Carmina figurata, se consideran precursores de este tipo de escritura. En lo multimedia, el tiempo se ha fragmentado, ha perdido su cualidad unificadora, de ordenamiento del caos. El tiempo depende ahora del movimiento que sucede dentro del espacio que intenta medir.

Polifonía: Término utilizado en música para referirse a “un conjunto de sonidos simultáneos, en que cada uno expresa su idea musical, conservando su independencia”. Mijail Bajtlín fue el primer teórico en aplicar este concepto a la literatura, para definir la obra de Fiódor Dostoyevski, en la que “el lector conocía tantas perspectivas vitales como personajes principales había en los textos” (Wikipedia, 2009).

Entrada publicada por Doménico Chiappe
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martes, 29 de septiembre de 2009

Entretenimientos semánticos sobre los "ebooks"


Los interesados en nuestro idioma y en la literatura electrónica debemos procurar que los términos que utilizamos tengan la máxima precisión semántica (la palabra debe referir inequívocamente al objeto o concepto), sean eufónicos, breves y suenen a español. Empecemos con ebook: este acrónimo inglés se usa mayoritariamente en los medios y en el comercio (Bubok y Todoebook, por ejemplo, venden ebooks para leerlos en ordenador o en dispositivos lectores). Pero no pertenece al idioma aunque sea breve, eufónico y preciso. ¿Cuánto de preciso? Decir de un libro que es electrónico es demasiado amplio (portero electrónico, encendido electrónico son más precisos). Evidentemente, para trasladar un texto del papel a los ordenadores o a los dispositivos lectores hay que usar tecnología que necesita la electricidad en cualquiera de sus formas. Pero ese traslado se realiza con programas informáticos capaces de digitalizar ese libro. Luego, en realidad, serían libros digitalizados, sometidos a un proceso que hace posible su lectura en pantallas. En este sentido, podríamos llamarlos simplemente “libros digitales” o “digilibros”. Pero este voluntarismo semántico choca con la dura realidad del uso extendido. Teniendo en cuenta que la versión española “libro electrónico” es la más popular después del acrónimo inglés, debemos procurar al menos hacerla más breve y más eufónica. Tenemos la suerte de que “librel” es breve, eufónico y suena tan español como “libro”, “libre” o “lebrel”. Tampoco suena mal, y es más breve, libel (libertad, libar, libelo).
Entrada publicada por Juan José Díez
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