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viernes, 24 de junio de 2011

British Library, 19th Century Historical Collection

      La British Library, en asociación con la empresa americana Bibliolabs, se ha tomado en serio la misión de hacer visibles las grandes obras de la literatura clásica en las tabletas, apostando por que este dispositivo se convierta en poco tiempo en el modo dominante de acceder a la lectura. Aunque ya había lanzado Treasures, de la que luego hablaremos, ahora sale una aplicación para el iPad con un gran número de libros del siglo XIX, escaneados directamente de los originales. La aplicación se llama 19th Century Historical Collection  y por ahora da acceso a casi  mil obras de esta época, sobre todo libros de viajes y obras de ficción ilustradas. Este verano la cantidad de títulos disponibles aumentará hasta los 60.000. Ahora es gratis, pero los usuarios deberán pagar una suma todavía no precisada para el acceso completo a la colección.
      La British Library con este proyecto toma un rumbo notablemente diferente al de rivales como la plataforma Kindle para presentar la literatura clásica online: los libros antiguos vienen en su forma original completa con ilustraciones, tipografía, mapas desplegables y ocasionalmente incluso con el papel manchado del original. La colección está dividida en secciones: Geografía, Geología, Historia de Gran Bretaña e Irlanda, Viajes, Ficción y prosa literaria, Poesía y Drama, Historia de Asia, de Europa, de las Ciencias Sociales, de la Filosofía y Ética, etc... En Literatura, obras de Fenimore Cooper, Anthony Trollope, Jonathan Swift, Dickens, Thomas Hardy, Stevenson, Mary Shelley, Kipling,... o sea, un festín.
      Los títulos actuales y los previstos son todos de dominio público; la mayoría de ellos ya están disponibles en Internet a través de otras fuentes (Proyecto Gutenberg, Internet Archive). Según la presentación de la biblioteca, el iPad "evoca con estos libros antiguos un sentido de compromiso y curiosidad que no es posible en una experiencia basada en un navegador. Más que trasladar a Internet los ebooks  como simples textos contextualizados y buscables, esta  aplicación pone online una obra artística completa, buena para el placer de leerla, aunque no tan buena para usarla en disertaciones o investigaciones académicas."
    Y esto porque, más allá de disfrutar de la cercanía con el objeto artístico original, poco podemos hacer con esos libros. Para buscar una página concreta debemos hacerlo con una barra de desplazamiento y por tanto con poca precisión. No hay cuadro de búsqueda tampoco para palabras, ni hiperenlaces, ni interactividad, ni diccionarios, o sea, nada de lo que tienen ya los ereaders corrientes. Sí podemos ampliar el tamaño de la letra con el consabido gesto de separación de los dedos pulgar e índice. Pero ahí se acaban las prestaciones.
    Ésta es la segunda aplicación para el iPad lanzada por la British Library. La otra también  recientemente publicada, se titula Treasures y permite a los usuarios explorar algunas joyas de la biblioteca, como manuscritos medievales iluminados, diagramas y dibujos de Leonardo da Vinci, mapas antiguos, primeras ediciones de Shakespeare y mucho más. A diferencia de la aplicación para la literatura del siglo XIX, Treasures está disponible también para iPhone y para la plataforma Android.
     Y aún otro movimiento más reciente. La British Library firma ahora con Google el compromiso de digitalizar otros 250.000 libros.

Entrada publicada por Juan José Díez

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miércoles, 2 de febrero de 2011

Libros por las nubes

                        

     Inventive Labs ha lanzado recientemente la versión beta de su ereader para HTML5 Book.ish. Bookish es una plataforma de lectura en la nube de ebooks en formato epub basada en la tecnología HTML5  que permite leer libros digitales desde cualquier dispositivo que disponga de un navegador.   No hay software ni archivos que cargar, sólo tienes que inscribirte y ponerte a leer los libros que quieras comprar. No "posees" tus libros en el sentido tradicional, sino el derecho a acceder a ellos. Por ahora Book.ish ofrece de prueba una edición digital en html5 de The Wind in the Willows, el cuento clásico de Kenneth Grahame (1859-1932), para mostrar las posibilidades del nuevo lector.
    Por su parte, la librería independiente australiana Readings empieza a experimentar con el concepto de pago-por-acceso basado en la nube. Recientemente ha lanzado  su tienda Readings Ebooks, que trabaja en colaboración con Book.ish. La editorial te vende una dirección web a la que sólo tu  puedes acceder para poder leer el libro. Como los navegadores ofrecen copias caché offline, el libro queda almacenado para ser leído aunque no  se esté conectado a internet. Esta librería australiana ya tiene varios títulos (a mi entender demasiado caros para ser buñuelos de blancas nubes -  entre 12 y 20 euros).
    La idea de acceso frente a propiedad en sí misma  parece un buen camino a seguir por el mundo editorial. En teoría este modelo puede parecer atractivo en algunos contextos para ciertos lectores. Pero un fallo en la red o el fracaso del negocio de un proveedor haría que instantáneamente el libro comprado se esfumara en el ciberespacio temporal o definitivamente. Esta dependencia de la red y de los servidores comerciales producen una fragilidad a medio y largo plazo que puede disuadir a un comprador de gastarse su dinero en evanescentes urls. Creo que este nuevo tipo de acceso a los libros (para que tuviera éxito) debería basarse en un precio mucho menor porque, al fin y al cabo, la propiedad (que concebimos todavía como sinónimo de posesión y disponibilidad en toda circunstancia) no es plena  y  las nubes tarde o temprano terminan evaporándose. 

Entrada publicada por Juan José Díez

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miércoles, 3 de noviembre de 2010

El escritor digital independiente (II)


(Segunda parte de mi intervención en Escribit 2010)

    En la primera parte hablamos del libro y de la gigantesca audiencia a la que puede hacerse potencialmente accesible. Ahora lo haremos de la página web como plataforma de publicación y creación. Desde aquí puedo ejercer las funciones tradicionales de una editorial comercial (ser mi propio editor, promotor, distribuidor) así como aplicar las herramientas narrativas específicas de Internet.
    Vamos a entrar en ella para recorrer cronológicamente las distintas funciones que he ido incorporando. En primer lugar, he elegido una portada que da acceso con un simple vistazo a los distintos formatos narrativos, a las posibilidades de distribución y a las reseñas o críticas que hasta ahora ha recibido la obra.
    Cuando estaba terminando la novela, mientras buscaba documentación en Internet, encontré tanta y tan interesante, que se me ocurrió la posibilidad de dotarla de enlaces externos que la conectaran con la información histórica correspondiente.
   El resultado fue la versión html. La terminé el 2005. Con su url (la dirección única que la identifica entre los millones de páginas) ya podía ser visible ante los dos mil millones de internautas. Quise llamarla "webnovela" porque era sencillamente una novela conectada a la web. Esto quiere decir no sólo que utilizaba el hipertexto, los recursos multimedia y la interactividad, sino, en especial, que muchos enlaces del hipertexto eran externos, conectaban con otras páginas web activas para enriquecer el contenido de la obra. Éste es un recurso que, por extraño que parezca, apenas se usa en la narrativa electrónica. Internet es precisamente un conjunto de páginas web y parece lo más natural que una obra literaria aproveche ese rasgo distintivo.
    Para esta versión no se necesitan demasiados conocimientos técnicos, ni ser un experto programador, pude realizarla con la ayuda de un editor de páginas web (Front Page) y un programa para transferir archivos a un servidor (Cute FTP).
   Con la versión html ejercí, pues, la función tradicional del editor que es la de publicar el libro. Pero otra muy importante es la de crear una audiencia "real" para el autor, no la meramente potencial de ser visible. El escritor digital independiente debe emprender ahora la función de promoción y difusión. Pero a esta versión le faltaba interactividad, entendida aquí como la comunicación directa entre autor y lector, en particular la posibilidad de que el último colaborara con sus críticas, comentarios o aportaciones.
   Para subsanar esta carencia la presenté como blognovela en el año 2007. La inmediatez de los comentarios y la posibilidad de que los lectores incluyan enlaces alternativos proporcionan una información de primera mano sobre el impacto de la obra o sobre las correcciones que puedan ser necesarias. Si un autor tradicional en papel quiere corregir algún aspecto de su novela debe esperar al albur de una segunda edición; sin embargo, como blognovela siempre la tiene abierta, en construcción. Por ejemplo, un lector me aportó un archivo con sonido de sirenas, otro me señaló un anacronismo ("corbata" no, "chalina")...
   Además del blog, un autor puede utilizar las redes sociales y crear una página en Facebook con su obra, lo que le ayudará a difundirla y a estrechar el contacto con los lectores. Yo no lo he hecho, pero busqué una página al azar y la primera que descubrí fue la de la escritora de Luna Azul. Tiene más de siete mil seguidores. Muchos de ellos han debido conocer o comprar la obra para poder comentarla. Y eso es una audiencia considerable con la que la autora no habría soñado si no existieran las redes sociales.
     En 2008 la publiqué en papel, como libro físico. Un escritor desconocido, digital o no, tiene la posibilidad de editar su propia novela recurriendo a la autoedición. Por un precio razonable puede servirse de empresas como Lulú o Publidisa que le confeccionan un libro tradicional y lo venden bajo demanda: sólo imprimen el ejemplar que piden los lectores. En mi caso, ese libro físico lo distribuyo a todo el mundo en Amazon, la librería más poderosa de Internet, o en Publidisa. 
   También en 2008 hice la conversión a ebook, a libro digitalizado (otra vez con la ayuda de Amazon y Publidisa) para que pudiera leerse no sólo en pantalla de ordenador sino también en la de un ereader como el Kindle.
    Los ebooks de Amazon y Publidisa está monetarizados, sin embargo procuré convertirlos en formatos gratuitos, en especial el ePub, con los servicios de Smashwords.
    Aunque la plataforma central de edición y distribución ya estaba conseguida con la versión html, me daba cuenta de que era mejorable, de que podía tener una presencia más profesional. Tenía una idea, pero excedía mi capacidad técnica. Entonces me puse en contacto con una empresa de creativos web, Prodigia, para que la plasmaran. Y surgió la versión flash. Como nostálgico de Gutenberg, con este nuevo formato (que seguía teniendo dentro la nueva maquinaria hipertextual) quise simular un libro códice que ofreciera en pantalla las prestaciones más básicas de un libro físico: pasar las páginas, ir a una concreta, desplazarse por capítulos, tipografía, color del papel, etc... A esa simulación le puse una portada-trailer (una animación foto-musical) que presentara los personajes y paisajes principales. También traté de dotarla de una banda sonora, utilizando los enlaces azules para ilustrar con archivos musicales algunas escenas que lo permitían.
   Creo, en fin, que mi caso muestra el campo de posibilidades que se abre para un escritor que se decide a la aventura narrativa en el ciberespacio sin otras armas que las de una página en Internet. Será interesante saber qué ocurre luego.

Entrada publicada por Juan José Díez



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viernes, 23 de abril de 2010

¿Peligra la gran literatura?


     Hoy celebramos el día del libro, aunque quizá estemos asistiendo a los comienzos de su decadencia y ocaso. Extracto de un periódico las declaraciones de Mario Vargas Llosa sobre el libro electrónico:

     "La entrega de los Premios NH de Relatos ha dado lugar a un debate sobre el libro electrónico en el que el escritor Mario Vargas Llosa ha expresado su "desconfianza visceral" hacia el e-book porque considera que ha comportado "cierta simplificación y banalización" a la obra literaria si se la compara con las obras escritas en papel. Pese a ello, el autor peruano ha admitido que la introducción de la literatura a través del libro electrónico es ya "un proceso irreversible" y que este formato sirve para acercar la literatura a un público más amplio. Vargas Llosa ha señalado que, por su edad, tiene "prejuicios" hacia el libro electrónico, en particular, y hacia la cultura virtual, en general. Siente "desconfianza casi visceral hacia la literatura difundida a través de las pantallas". Y se ha mostrado convencido de que, aunque "probablemente" habrá en el futuro una generación que desconozca los libros de papel, estos no desaparecerán.

"¿Ustedes creen que un libro como Ulises, de Joyce, se podría escribir para el ordenador?", ha preguntado el autor de La casa verde. "Escribir para la pantalla es escribir para la actualidad y la gran literatura se hace con una voluntad y una esperanza de permanencia", ha reflexionado Vargas Llosa."

    A mi entender la banalización y simplificación no las producen por sí mismas las nuevas tecnologías. Los e-books o libros electrónicos por ahora son simples libros tradicionales digitalizados y los e-readers sólo sirven para leerlos. Guerra y Paz y Fortunata y Jacinta se pueden leer en pantalla de ordenador o en lector de tinta electrónica. La "gran literatura" no desaparecerá porque existan nuevas tecnologías de lectura y escritura, sino porque cambiarán las mentes y las costumbres de autores y lectores.

   ¿Desaparecerán los escritores de largo aliento que quieran construir un mundo sólo con palabras? En esto comparto la inquietud de Vargas Llosa. Por muy vocacional que sea un autor siempre escribe para una audiencia (real o imaginada) y si ese público ha cambiado y no asimila largos y complejos textos porque busca estímulos constantes y nuevos (con imágenes y sonido), y además breves, porque su atención sobre una pantalla está amaestrada a la inmediatez, entonces es difícil que los escritores se propongan crear algo que no va a ser leído. Ha cambiado la audiencia.

    Y estos cambios afectan a la totalidad del público lector. La gran literatura siempre ha sido minoritaria comparada con la literatura popular, pero creo que también cambiará la mentalidad de los lectores selectos que hoy compran los títulos de los escritores promovidos por las buenas editoriales. Este grupo de lectores selectos fieles a la literatura "seria" , como consumidores de cultura escrita, cada vez dedican más tiempo a leer en pantallas. Así que la buena literatura perderá ese nicho numeroso, aunque relativamente pequeño, que mantiene viva la creación literaria tradicional.

    Han cambiado los medios de escritura: en el scriptorium de un autor de hoy ya no hay pluma y papel, ni siquiera máquina de escribir y papel, sino un ordenador con procesador de textos y conexión a internet. Ese es su medio natural de trabajo, su herramienta de creación. Quizás Vargas Llosa tenga uno en su mesa. Y esa herramienta impone un estado mental. La imagen de Dickens mirando al techo, mordiendo la pluma, buscando inspiración para que los gestos de su mano pudieran llevar al papel una escena que buscaba en su imaginación ya no es posible. La pantalla no es una hoja inerte que tu mente deba hacer vivir mediante la escritura, sino una lámina iluminada que esconde todos los prodigios y nos tienta continuamente a dejar de mirar dentro de nosotros para construir nuestro mundo, diciéndonos: "Entra, entra... aquí están todos los mundos".

    Los nuevos escritores, no mirarán al techo, serán nativos digitales y creo muy difícil que en su formación y en su horizonte puedan concebir siquiera fabricar algo como "Madame Bovary" o la misma "Conversación en la catedral". Si eso es gran literatura, me temo que le queda poco tiempo.
Entrada publicada por Juan José Díez

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lunes, 5 de octubre de 2009

Entretenimientos semánticos sobre los e-readers




    Si tecleamos “libro electrónico” en Google y consultamos las imágenes, aparecen abrumadoramente los Kindle, los Sony Reader, los iRex,…si pedimos en el Corte Inglés un libro electrónico el amable joven te ofrece un Inves o un Papyre; en el uso popular, pues, a los e-readers se les llama como a los ebooks : “libros electrónicos”. Los anglosajones distinguen con “e-reader” y nosotros confundimos. Ateniéndonos a la precisión semántica nos bastaría llamarlos “lectores de libros electrónicos” o “lectores de libros digitales”. Pero siguiendo con esta melancólica escolástica, no son lectores porque no son humanos y tampoco leen libros electrónicos, sino más bien, libros digitales (como vimos en la entrada de los ebooks). Mejoraríamos si introducimos la expresión “dispositivos lectores”, pues deja claro que es un aparato el que realiza la acción de leer. La designación semánticamente correcta quedaría como “dispositivos lectores de libros digitales”.  "Dispositivo” es un término que traduce la palabra inglesa “device” y ésta se utiliza sobre todo en informática para referirse a componentes del ordenador. Sin embargo, “dispositivo” en español es mucho más general y refiere en muchas ocasiones a cosas bastante alarmantes, por ejemplo, “dispositivo policial” o “dispositivo de emergencia”
     ¿Qué opción tenemos para “dispositivo”? No faltan: máquina, aparato, artefacto, artilugio. “Aparato” connota magnitud y los lectores digitales no son aparatosos. “Artilugio” connota ingenio y los lectores no son ingeniosos. “Artefacto” suena a algo grande y poco útil. Nos queda “máquina”, que por ser muy general se salva de connotaciones indeseadas. Resultaría entonces: “máquinas lectoras de libros digitales”. Pero volviendo a la realidad, nos resignaríamos con sustituir “dispositivos lectores de libros electrónicos”, por “lectores de libros electrónicos”. Tal frase descriptiva tiene a su favor que el acrónimo que le corresponde es breve, eufónico y suena a español. Nótese la diferencia entre “Hay una libélula sobre un dispositivo lector de libros digitales” y “Hay una libélula sobre un lelíbel”.

Entrada publicada por Juan José Díez

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