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miércoles, 4 de noviembre de 2009

Premis Octubre: la Literatura Digital III (tarde)

Antes de nada, el profesor Raffaele Pinto no puede reprimir una reflexión que le ha suscitado la conferencia de la mañana: estamos en la infancia de la letra digital. Usamos las nuevas tecnologías con la torpeza pero también con la curiosidad analítica con que un niño juega con un bolígrafo. El artista digital juega, destruye y experimenta con las posibilidades que se le abren. Según el profesor Pinto dentro de doscientos años usaremos la letra digital (no habrá otra, o mejor dicho, la susceptibilidad de ser digitalizada le será consustancial a toda letra) con la seriedad de los adultos y nos veremos en esta época como unos niños en el amanecer de una era.



La mesa redonda de esta tarde se titula Lectures y lectors digitals. En ella participan Rocío Ávila, Jaume Marfany, Luis Rodrigo y Berta Rubio. Presenta Oreto Domènech y cada ponente va a ofrecernos su exégesis de una obra digital.
Rocío Ávila nos habla de Diari d'una absència, de Laura Borràs y de Universo Molécula de Isaías Herrero, y Jaume Marfany nos habla de La casa del temps también de Isaías Herrero. Me dejo llevar por la explicación de la interfaz, por las imágenes del proyector y el descubrimiento de las tramas. Aunque ambos reconocen que han tenido que esforzarse para llegar a comprender y ser capaces de "hacer funcionar" el artefacto textual, saben como despertar el interés en la sala y hacernos morir de ganas por jugar nosotros también, por investigar el mundo paralelo que cada obra plantea.

Luis Rodrigo en el análisis de Façade introduce un tema del que todavía no se había hablado en el congreso: el ciberdrama. El ciberdrama explota el aspecto interpretativo del teatro y lo lleva al terreno virtual. Lo más común es que el espectador sea además el actor principal. Es el lector el que tiene que comportarse con un Rol determinado para interactuar con otras inteligencias, sean éstas artificiales o no. Esto, por supuesto, nos lleva a asociaciones con los juegos de Rol y más concretamente con los MUDs, que nacieron prácticamente con la Red, o las aventuras gráficas. En el caso de Façade, la obra consiste en una potencialidad que se desarrollará solo dependiendo del grado de implicación que adquiramos por nuestra parte.
Parece ser una constante en el arte digital el reclamo de la interactividad, la implicación, el aprendizaje incluso, del usuario para hacer que el artefacto textual se mueva.

Por último hace su intervención Berta Rubio, una belleza de persona que ha encandilado a la sala antes siquiera de decir la primera palabra. Ha traído consigo a su hija de quince meses Uma, quien ha seguido, a menudo contra su voluntad, todo el congreso. Al margen de la pequeña crueldad que pueda haber en meter a un bebé tanto tiempo en este ambiente que no puede comprender, la normalidad con que Berta ha gestionado sus protestas, le ha dado el pecho cuando ha tenido hambre, y la ha dejado jugar con los asistentes cuando se ha portado bien, nos ha servido a todos de lección. Hemos asistido en directo a la conjugación de la vida personal y profesional con la maternidad y un hombre mayor, al final del congreso, se lo agradece. Yo no puedo evitar pensar que en esta sociedad masculina, si el hombre tuviera la responsabilidad de contacto continuo con los bebés que implica la lactancia, actitudes como la de Berta estarían mucho más normalizadas y no nos sorprenderían a nadie.


En su ponencia analiza pormenorizadamente lo que significa "leer literatura digital". Leer que viene del latín "legere", significa escoger, lo que nos transporta inmediatamente veinte siglos más tarde hasta la "elección" de los hipervínculos a que nos obliga el hipertexto. Por otra parte "literatura digital" es una expresión paradójica ya que aglutina en ella las etimologías correspondientes a "letra" y "número".
Toda esta complejidad dota a la obra digital de una aspiración al arte total, al GESAMTKUNSTWERK wagneriano. De hecho las relaciones entre el arte digital y el proyecto teórico de Wagner son múltiples. Por un lado existe esta conjunción, no subordinación, de disciplinas (tipografía, color, texto, video, sonido, juego, música, programación...), pero además está el factor social, la importancia de la comunidad, que el arte digital pone de manifiesto. No sólo hace falta una "comunidad" de profesionales para dar forma a la obra, sino que ésta entra en diálogo con el lector a través de la interpretación tradicional del texto, de la coautoría que produce cualquier tipo de ergodicidad y, en ocasiones concretas, de la coautoría explícita de las obras colaborativas.
En su blog Digiteratura, podemos seguir todo el proceso de reflexión hasta llegar a esta conferencia e incluso podemos ver la presentación que pasó en la sala.
Para concluir nombró algunas de las iniciativas digitales actuales que le parecen más interesantes en la actualidad como el grupo de e-poetry, Hermeneia, y dos blogs bien conocidos por estos lares: el blog Biblumliteraria de Félix Remírez y el blog del portal de Literatura Electrónica de la Bibilioteca Virtual Miguel de Cervantes. Sí, citó también nuestro blog, con el poquito tiempo que tiene, como referente en castellano de la cultura digital. Y no hablemos de Félix, ¡que salió doblemente citado! Os aseguro que no estaba pactado y que la sorpresa fue mutua cuando al final de su conferencia le dije que yo participaba cómo podía por aquí.

Muchas y muy alentadoras cosas en este final de congreso.

Entrada publicada por Lluís Vila.
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martes, 13 de octubre de 2009

Piedra, papel y tinta digital


La digitalización del signo lingüístico, el convertir las letras en señales eléctricas binarias, es una revolución que nos lleva a pensar en los hitos más espectaculares de la historia de la escritura. La sociedad, desconcertada, se debate en parangonar semejante revolución con la que produjo la invención de la imprenta o aquella precedente en la que algún brujo primigenio simbolizó con crípticos ideogramas las palabras sagradas que arrastran imperturbables las culturas ágrafas.
La importancia de este cambio de soporte no solo aparece plasmada en la presentación de este portal. A través del blog de Joaquín Rodríguez “Los futuros del Libro”, llego a un artículo de Jason Epstein: "On demand books", en el que precisamente hace una especie de retransmisión por escrito de las imágenes que vemos aparecer en dicha presentación: piedras, papiros, rollos, códices, libros impresos, hasta llegar a la situación actual. Parece haber unanimidad en atribuirle a este cambio de soporte una trascendencia evolutiva.

Pero según establece la tesis general del artículo así como la glosa de Joaquín Rodríguez, la literatura hunde sus raíces en algo más profundo que el soporte en que venga publicada. Por supuesto que estas innovaciones editoriales (piedra, papiro, imprenta...) condicionan la evolución de los cánones literarios en cuanto a argumento, dimensión, perdurabilidad... Probablemente no existiera la Iliada tal y como la conocemos sin la invención del papiro donde fue registrada por primera vez. Aquel avance tecnológico favoreció su compilación, su conservación, determinaría su forma... pero Aquiles ya estaba ahí y no necesitaba del papiro para existir ni para llegar a nosotros a través de cualquier clase de símbolo, en representación de esa dicotomía tan humana que se debate entre la vida mediocre o la muerte gloriosa ("vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver", dijo un Aquiles del siglo XX).

Los soportes han condicionado la literatura de cada época en la misma medida que la han condicionado otros avances científicos, tecnológicos, sociales, religiosos o institucionales. Pero ningún avance en particular, ni siquiera la suma de ellos, determina ese impulso literario primigenio que no es otro que la huida desesperada hacia delante de un escritor en la pretensión de transmitir lo inefable. [En un comentario al poema LITERATURA del enlace he improvisado una pobre traducción al castellano del poema de Gabriel Ferrater que motiva esta reflexión].
Lo que nos pasa a los que nos sentimos anonadados por la Literatura Electrónica (por usar el nombre que se le ha puesto a este portal), es que nos hemos dado cuenta de que el hipertexto introduce unos cambios en la maquinaria textual tan profundos como inéditos. Más radicales incluso que los que introdujo la imprenta porque mientras ésta modificó el régimen de producción y distribución de la escritura, el hipertexto modifica el régimen de retroalimentación entre la escritura y el lector. La tesis de Espen J. Aarseth sobre la "perspectiva cibernética" es de lo más lúcido que he podido leer sobre este punto, pero recientemente, nuestro colega Félix Remírez, nos brindaba un magnífico ejemplo de una de las posibles reglas de retroalimentación en su entrada "El control del tiempo en literatura digital".
Ante la evidencia de que la lecto-escritura hipertextual se regía de manera nunca vista en su interrelación texto/usuario-usuario/texto, surge una corriente, en la que yo mismo me he visto inmerso, que insiste en trazar una línea divisoria entre la secular experiencia lecto-escritora y la nueva manera ergódica de enfrentarse al artefacto textual. Es en este contexto donde aparecen divisiones como las que han surgido en este blog del tipo: libro digital / libro digitalizado, hipertexto / multitexto... y es en el contexto en que surge el apasionante debate, que espero que aquí sea tratado, sobre si el hipertexto es un género, un medio, un formato, si se trata de una innovación editorial, si puede ser una rama de la literatura o si es absolutamente otra cosa.
Pero lo cierto es que después de veinte años, las experiencias más ricas en lo que a narrativa ergódica se refiere (no vamos a tratar aquí cuánto hay de literario) han sido los videojuegos. No es de extrañar, pues las compañías que los producen son lo suficientemente potentes como para juntar la cantidad de especialistas necesarios para generar una narrativa digital atractiva y de calidad. Así, el propio Espen J. Aarseth admite inscribirse en en lo que denomina "games studies". El mismo control del tiempo del que nos hablaba Félix Remírez es un recurso usado constantemente en los videojuegos, y la inclusión desacomplejada de videojuegos en Golpe de Gracia de Jaime Alejandro Rodríguez, es uno de los aspectos que en mi opinión hacen de su propuesta algo tan interesante.


Esta usabilidad, esta jugabilidad, que además difiere en cada propuesta, es una de las grandes características del hipertexto. El otro gran elemento caracterizador de el artefacto es sin duda el hipervínculo. No es un elemento genuino en su uso pero sí en su inmediatez y practicidad, lo cual ha revolucionado el gran texto de la cultura sobre todo a través de ese gran hipertexto que es la WWW. Lo que ocurre es que en cuanto a sus cualidades narrativas no parece tener mucho éxito, pues si en una narración suele contar más el cómo se cuenta que lo que se cuenta, en el deambular rizomático del lector por los hipervínculos, ese cómo, queda en manos de cada uno de los lectores que se ve obligado a participar en la ardua y a veces tediosa labor de autor, sin poder disfrutar de la satisfacción de atribuirse la obra.
Así que por una parte tenemos una revolución en marcha e imparable en la relación del ser humano con el texto y por otra tenemos una indeterminación en la manera en que ese nuevo texto es usado por la literatura para cumplir su cometido prístino. Ni la ergodicidad de la escritura cibernética ni las facilidades que ofrece el hipervínculo están siendo fácilmente incorporadas a la cultura literaria. Esto es por supuesto una cuestión de tiempo y precisamente lo que hace tan interesante el debate en el que este nuevo portal se inscribe. Mi posición, cambiante, líquida e inestable se inclina ahora hacia una política de inclusión. Es decir: considerar "electrónico" todo aquel texto que se base en la electricidad, más allá de si ha sido concebido de la manera tradicional o incorporando estructuralmente todos los mecanismos que posibilita la digitalización de la escritura.
De lo que no me cabe la menor duda es de que la máquina de escribir ha muerto. En el futuro todos los escritores usarán la letra digital, y las peculiaridades y características de ésta irán incorporándose con naturalidad a los procesos de producción, recepción y del resto de agentes que conforman la institución literaria. Imagino una novela perfectamente tradicional con un párrafo de tinta digital en su interior, cambiante y colaborativo....
La literatura seguirá intacta como eco expansivo de las cavernas. Pero si la tinta ayudó a su fijación, el papiro a su extensión y la imprenta a su difusión, su digitalización puede llevarnos a cumbres insospechadas en un aspecto fundamental de la escritura: la comunicación. Al menos este blog parece ser un buen ejemplo de ello.
Yo por ahora espero ansioso el día que se decidan a sacar un soporte de lectura realmente cómodo, barato y con conexión a Internet.

Un saludo a todos.
Entrada publicada por Lluis Vila Soriano

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