En este blog ya hemos publicado una entrada sobre un artículo aparecido en el periódico alemán Die Zeit acerca de los efectos cognitivos que puede producir internet en nuestras mentes. Abundando en el asunto, comentamos hoy un artículo aparecido en julio de 2008, escrito por Nicholas Carr en la revista The Atlantic titulado “¿Nos está haciendo estúpidos Google?” Aquí confiesa su autor: “Mi concentración se pierde tras leer apenas dos o tres páginas Me pongo inquieto, pierdo el hilo, comienzo a buscar otra cosa que hacer. Es como si tuviera que forzar mi mente divagadora a volver sobre el texto. En dos palabras, la lectura profunda, que solía ser fácil, se ha vuelto una lucha. Y creo saber qué es lo que está ocurriendo”. Un amigo que era un lector voraz le dice: "Ya no puedo leer "Guerra y Paz. He perdido esa capacidad...".
Aunque internet nos permite un acceso inmediato a un increíblemente rico almacén de información, es también verdad que quizá estemos pagando un precio demasiado alto. Sus efectos se notan no sólo en la concentración sino en la misma forma de pensar. Cita el caso de Nietzsche, que notando cómo se acercaba a la ceguera, se compró una de las primeras máquinas de escribir para poder mecanografíar directamente de su mente al teclado. El mismo filósofo notó un cambio en su estilo por el mero hecho de abandonar la pluma y el papel; sus escritos se iban haciendo cada vez más aforísticos y tendían a la concentración telegráfica.
Entrada publicada por Juan José Díez
