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miércoles, 24 de marzo de 2010

Condiciones extremas, de Juan B. Gutierrez


    Juan B. Gutiérrez (1973) es un autor colombiano residente en USA conocido fundamentalmente por sus contribuciones teóricas y prácticas al campo de la ficción hipertextual. Además de autor de narrativa digital, es matemático y programador profesional.
      En 1998 publicó en Internet su primera edición de Condiciones extremas, una novela hipertextual o hipernovela de ciencia ficción. Trata de una sociedad futurista en la que los humanos son la minoría dominante y desprecian a los avatares, criaturas mutantes, que contra su sometimiento organizan una conspiración para apropiarse del planeta. Ante esta situación, el protagonista Índigo Cavalera, un humano, inventa una máquina del tiempo con el propósito de retroceder a 1998 y rehacer la historia evitando la posibilidad de cualquier rebelión futura. La trama se desarrolla en Santa Fé de Bogotá en tres momentos: 1998, 2050 y 2090. Son también personajes principales, la científica Miranda Macedonia y el mutante Equinoccio Deunamor, que junto a Índigo, aparecen en todos los giros decisivos de la historia, en todas las intrigas, persecuciones y enigmas que empujan el movimiento constante de la acción narrativa.
     Ofrecemos a continuación una muestra de la prosa:

       "- Ahora los humanos viven en domos. No pueden salir al exterior, simplemente porque no resisten las altas concentraciones de ácido sulfhídrico que hay en la atmósfera. Es el aire puro para los avatares. Sin embargo, no toda la ciudad ha sido transformada para la habitación humana. Hay sitios abandonados, o simplemente destruidos por las bombas, a los cuales los planes urbanísticos no han llegado. Es usual que en esos sitios se acomoden familias de avatares. En este momento es una población que está creciendo y necesita mucha vivienda –dijo Miranda señalando los edificios destruidos."

     Realizada con un complejo programa informático (Literatrónica), el lector se enfrenta a unas páginas ilustradas con dibujos de cómic, al final de las cuales están los títulos y pequeños resúmenes de las posibles páginas siguientes. Los porcentajes al lado de los títulos indican la continuidad narrativa: cuanto más alto el porcentaje, mayor continuidad. Los lectores pueden elegir cualquiera de estos enlaces propuestos; sin embargo, una vez que una página ha sido leída es retirada del conjunto de las opciones. Si queremos volver a ella, tenemos que acceder a un mapa y restablecerla como no leída. El sistema Literatrónica, pues, reorganiza la secuencia lectora de una manera que no es factible con los vínculos estáticos (que siempre apuntan hacia la misma dirección). La novedad de Literatrónica la constituyen los vínculos adaptativos o dinámicos, que al cambiar en función de la trayectoria de lectura, nos ofrecen cada vez un texto diferente.
     Si se quiere seguir la trama de la manera lineal clásica, lo mejor es, antes de entrar en la obra, darse de alta gratis, irse al mapa y ver allí el índice de los 66 capítulos. Después, elegir el primer texto de la Primera Década, y a partir de ahí seleccionar los enlaces con más porcentaje de continuidad.
    Más información sobre esta obra en la entrada de Félix Remírez en  Biblumliteraria  y en el artículo de Doménico Chiappe Ciudad de letras danzantes.

Entrada publicada por Juan José Díez

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miércoles, 21 de octubre de 2009

Literatrónica y literatura ergódica



         Todavía dos nombres más para designar a la ciberliteratura. Juan B. Gutiérrez, autor de la obra de este Portal Condiciones Extremas, propone Literatrónica, un acrónimo de “Literatura Electrónica”, que él cree que sería una buena designación para referirse a la literatura que “no puede existir sin el medio electrónico”. Yo veo el neologismo muy expresivo, aunque quizá suena un poco tronante. Por lo demás, carga con la generalidad de la expresión de la que proviene.
        El otro término, literatura ergódica, procede de Espen Aarseth. Resumo y parafraseo sus propias palabras: “En la literatura ergódica se requiere un esfuerzo no trivial del lector para recorrer el texto. (…) Cuando alguien lee un cibertexto es consciente constantemente de estrategias y trayectorias no tomadas, de voces no oídas. Cada decisión hará algunas partes del texto más accesibles, o menos, y nunca se sabe el resultado exacto de esas decisiones, lo que uno se ha perdido(…) El lector de cibertextos (a diferencia del de literatura normal, un simple espectador, un voyeur) es un jugador, un apostador, que puede explorar, perderse o descubrir sendas secretas…”
       El término viene del griego “ergón” (trabajo) y “odós” (camino), camino trabajoso. La caracterización de los cibertextos y de la nueva literatura a que dan origen son excelentes en este trabajo de Aarseth. Sin embargo, el nombre me parece excesivamente metafórico. También podía haber utilizado como nombre “Sendero Luminoso”, por el rasgo de las sendas secretas que debe recorrer el lector iluminado por la pantalla electrónica. Si definimos una materia por el trabajo que cuesta meterse en ella, las matemáticas sería muy “ergódicas”.

Entrada publicada por Juan José Díez


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