Posibles mejoras sencillas y reflexiones sobre literatura automática.
Una vez realizado el ejemplo más sencillo posible cabe pensar en las posibles mejoras:
- Crear dos rutinas javascript. Una, como la mostrada en el capítulo 2. Otra similar, pero con oraciones del tipo A-B-C. O bien, crear varias rutinas A-B-C-D, A-B-C, A-B-C-D-E, etc. y mezclarlas de manera aleatoria.
- Alargar las cadenas a más de 10 elementos. Por ejemplo, 50 o 100 en cada bloque. Con 100 por bloque, la repetición parcial ya no se percibe y la monotonía desaparece.
- Intercalar, cada cierto número de frases determinado aleatoriamente, otras frases con significado previamente preparadas por un humano. El lector, así, encontrará islas de sentido en un mar de verborrea y tenderá a pensar que todo tiene sentido y que es él el que no entiende. Al menos, lo releerá.
- Insertar gráficos de tanto en cuanto. Podríamos almacenar una serie de dibujos o fotografías (en número suficiente para que no se perciba fácilmente la repetición) e intercalarlos cada cierto número de párrafos. Podía ser muy útil en textos técnicos para dar una mayor apariencia de verosimilitud.
- No inventar sentencias anodinas, breves y sin contenido sino crear las cadenas en base a párrafos (o pedazos de ellos) realmente escritos por autores clásicos de renombre (y digo clásicos para evitar problemas de derechos de autor). El resultado final, sobre todo si se incluye un alto número de ellos, comenzará a ser literariamente válido (entre otras cosas porque cada pieza constitutiva proviene de la literatura humana) aunque la emoción narrativa, la arquitectura del relato y la trama seguirán siendo, probablemente, pobres.
Cortazar ya utilizó este método pero los párrafos y el orden en que podían ser leídos surgió de su propia mente, no de una selección aleatoria automática. Y Mozart propuso tablas de creación de sonatas que estaban basadas en la misma técnica pero, claro, cada frase melódica y las posibles combinaciones habían sido imaginadas en el cerebro del de Salzburgo.
- Crear frases plantilla en las que haya “huecos” que se deban rellenar con nombres o lugares que el lector introduzca. Puede entonces particularizarse la narración de acuerdo a los gustos del usuario. Algo que, en definitiva, no es diferente de esos cuentos en papel que se completan con el nombre del niño que los compra. Sólo que realizado de manera digital.
- Incluir, de tanto en cuanto, anglicismos que otorguen un hálito de superioridad. Sobre todo en textos técnicos.
- Programar dos textos independientes que traten de asuntos diferentes pero que se vayan intercalando en ciertos momentos.
- Ya, mucho más complicado, crear las frases partiendo de palabras y cumpliendo las reglas gramaticales y sintácticas del idioma. Tarea harto complicada si se desea obtener un resultado de calidad literaria.
En fin, habría tantas posibilidades como ideas imaginativas puedan existir y habilidad programadora tenga el que las inventa.
Casi todas por desarrollar.
Consideraciones finales¿Pero, finalmente, un ordenador automático podría crear literatura? ¿Podría crear una novela que nos emocione, que perdure, que nos haga pensar, que construya hábilmente los personajes y la relación entre ellos, que imagine una época, un lugar, unos hechos?
Sería osado decir que nunca se podrá conseguir. Pero estamos muy lejos de ello. Lejísimos. Pienso que ese potencial desarrollo deberá ir ineludiblemente ligado a las técnicas de
inteligencia artificial. ¿Pero, cuándo ocurrirá esto? Cuando yo aún era niño, en 1968, Stanley Kubrick nos inquietaba con la súbita toma de conciencia e inteligencia del ordenador
HAL en
2001, Una odisea del espacio, película de culto de la ciencia ficción . Aún resuena en los oídos de muchos el amenazador
Hello, Dave. Shall we continue the game? de
HAL, el prepotente
I'm not capable of being wrong, una vez tomado el mando o la triste canción que entona cuando está a punto de ser desconectado (¿asesinado?). Hace treinta años yo comenzaba a usar incipiente sistemas expertos que pronosticaban la cercana llegada del ordenador pensante. Por la misma época el programa ELIZA – que muchos acabamos copiando en BASIC o en FORTRAN una década después- parecía anunciar la inminente llegada del lenguaje artificial. Pero, lo cierto es que hoy- tantos años después- ese objetivo de simulación de la mente humana está aún muy lejos excepto para ciertas tareas muy especializadas, por lo general técnicas. La actividad creativa sigue residiendo en nuestros cerebros y no hay ideas claras de cómo simularla.
Muchos juegos actuales se basan en el trabajo conjunto de cientos de personas (programadores, diseñadores, escritores, músicos) que consiguen crear espectaculares obras. Pero no son literarias. Basta, de momento, la inventiva de un solo escritor humano para lograr vencer – literariamente hablando- a cualquier programación por avanzada que sea.
A muy
largo plazo estoy convencido de que nuestros bisnietos verán maravillas. Pero, aquí y ahora, el reto de la literatura digital es no ser sólo digitalizada o sólo decorar con un interface hermoso lo que era literatura en papel. Necesitamos muchas más ideas teóricas y muchos más algoritmos prácticos. Hay un ingente trabajo por hacer que, posiblemente, requerirá generaciones.
¿Se anima alguien a modificar este experimento que hemos llevado a cabo para crear un programa que genere automáticamente un texto literario?