viernes, 15 de abril de 2011

No es malo pensar sobre el ser y la belleza en vísperas de la Pascua Florida

      “El edificio en pie descansa sobre el fondo rocoso. Este reposo de la obra extrae de la roca lo oscuro de su soportar tan tosco y pujante para nada. En pie hace frente a la tempestad que se enfurece contra él y así muestra la tempestad sometida a su poder. El brillo y la luminosidad de la piedra aparentemente debidas a la gracia del sol, sin embargo, hacen que se muestre la luz del día, la amplitud del cielo, lo sombrío de la noche. Su firme prominencia hace visible el espacio invisible del aire. Lo inconmovible de la obra contrasta con el oleaje del mar y por su quietud hacer resaltar su agitación. El árbol y la hierba, el águila y el toro, la serpiente y el grillo, toman por primera vez una acusada figura, y así adquiere relieve lo que son. Este mismo nacer y surgir en totalidad fue llamado tempranamente por los griegos la físis. Ilumina a la vez aquello donde y en lo que funda el hombre su morada. Nosotros la llamamos la tierra.
   El estar en pie del templo da a las cosas su fisonomía y a los hombres la visión que tienen de sí mismos. Esta visión queda abierta sólo mientras la obra es una obra y el dios no ha huido de ella.
(M. Heidegger, “El origen de la obra de arte”, p.71-72, FCE)

      “El edificio en pie descansa sobre el fondo rocoso. Este reposo de la obra extrae de la roca lo oscuro de su soportar tan tosco y pujante para nada. En pie hace frente a la tempestad que se enfurece contra él y así muestra la tempestad sometida a su poder. El brillo y la luminosidad de la piedra aparentemente debidas a la gracia del sol, sin embargo, hacen que se muestre la luz del día, la amplitud del cielo, lo sombrío de la noche. Su firme prominencia hace visible el espacio invisible del aire. Lo inconmovible de la obra contrasta con el oleaje del mar y por su quietud hace resaltar su agitación. El árbol y la hierba, el águila y el toro, la serpiente y el grillo, toman por primera vez una acusada figura, y así adquiere relieve lo que son. Este mismo nacer y surgir en totalidad fue llamado tempranamente por los griegos la "físis". Ilumina a la vez aquello dónde y en lo que funda el hombre su morada. Nosotros la llamamos "la tierra".
   El estar en pie del templo da a las cosas su fisonomía y a los hombres la visión que tienen de sí mismos. Esta visión queda abierta sólo mientras la obra es una obra y el dios no ha huido de ella."

M. Heidegger, El origen de la obra de arte, p.71-72, México, FCE.


                 En la oscura boca del gastado interior bosteza la fatiga de los pasos laboriosos. En la ruda pesantez del zapato está representada la tenacidad de la lenta marcha de los largos y monótonos surcos de la tierra labrada, sobre la que sopla el ronco viento. En el cuero está todo lo que tiene de húmedo y graso el suelo. Bajo las huellas se desliza la soledad del camino que va a través de la tarde que cae. En el zapato vibra la tácita llamada de la tierra, su reposado ofrendar el trigo que madura y su enigmático rehusarse en el yermo campo baldío del invierno. Por este útil cruza el mudo temor por la seguridad del pan, la callada alegría de volver a salir de la miseria, el palpitar ante la llegada del hijo y el temblar ante la inminencia de la muerte en torno.(…)
El cuadro de Van Gogh es el hacer patente lo que el útil, el par de zapatos del labriego, en verdad es. Este ente sale al estado de no ocultación de su ser. El estado de no ocultación de los entes es lo que llaman los griegos “alezéia”. Nosotros decimos “verdad”.
Martín Heidegger, El origen de la obra de arte, p.60, FCE
 
    "En la oscura boca del gastado interior bosteza la fatiga de los pasos laboriosos. En la ruda pesantez del zapato está representada la tenacidad de la lenta marcha de los largos y monótonos surcos de la tierra labrada, sobre la que sopla el ronco viento. En el cuero está todo lo que tiene de húmedo y graso el suelo. Bajo las huellas se desliza la soledad del camino que va a través de la tarde que cae. En el zapato vibra la tácita llamada de la tierra, su reposado ofrendar el trigo que madura y su enigmático rehusarse en el yermo campo baldío del invierno. Por este útil cruza el mudo temor por la seguridad del pan, la callada alegría de volver a salir de la miseria, el palpitar ante la llegada del hijo y el temblar ante la inminencia de la muerte en torno.(…)
    El cuadro de Van Gogh es el hacer patente lo que el útil, el par de zapatos del labriego, en verdad es. Este ente sale al estado de no ocultación de su ser. El estado de no ocultación de los entes es lo que llaman los griegos “alezéia”. Nosotros decimos “verdad”."

Martín Heidegger, El origen de la obra de arte, p. 60, México, FCE

Entrada publicada por Juan José Díez

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